miércoles, 17 de agosto de 2011

Resumen de una vida


Una amiga ya grande se despidió de sus compañeros de trabajo. Pasó muchos años de su vida como jefa de los servicios de salud  y se distinguió porque la puerta de su oficina estaba abierta para quien quisiera acudir con ella. Peticiones de favores, quejas  y reproches  le llovieron como aguacero toda su vida. El día que partió le preguntaron  de qué se valió para sostenerse en el puesto. Con la sencillez que le caracterizó dijo algo que recuerdo así: “… desde el primer día me desayuné la convicción de que ser jefa es para servir y no servirse de los demás. Cada día almorzaba la convicción de que mi recompensa era llegar a la noche con mi tarea cumplida. Y mi cena habitual fue el gusto de saber que si amanecía el día siguiente, volvería a llevar la misma actitud. A mí me fortaleció el ser comprensiva con la naturaleza humana para quien es  más difícil  olvidar una ofensa y se les hace fácil olvidar un favor...”

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