Uno de los primeros habitantes del desierto después de los humanos fue el cerdo o cochino traído por los ganaderos que, al par con los mineros, poblaron estas tierras. El largo viaje del cochino desde la península halló asiento en estas tierras. Su carne fue apreciada. Su manera de ser y valor dieron, con el paso de los años y la observación aguda e ingeniosa de las gentes, un repertorio de expresiones que igual lo exaltan y denigran, lo aprecian y desprecian…no siempre al cochino sino a otro ser humano con el cual se le compara. En nuestro divertido repertorio he aquí algunas expresiones que por ser tan gráficas me ahorro el comentario excepto cuando algún localismo lo requiera: Aunque te chille el cochino no le aflojes el mecate[1]. Baile y cochino, el del vecino. Como el cochino de San Roque: chilla y chilla y con la mazorca en el hocico. Como la cochina de tía Cleta, comiendo y metiendo oreja. Está bien ser cochino, ¡pero no tan trompudo! Hacer su cochinito[2]. Lo puso como lazo de cochino. ¡Padrino, bolsas de cochino![3] Y sin aspirar a ser exhaustivo una pepita de oro: Vivo el cochino ¡no hay chicharrón!
Es una antología de las Cartas del Desierto que trasmito en Radio Universidad 105.3 FM y 1310AM, Chihuahua. Mexico. Una mirada sobre el mundo, la vida y la historia Social desde el desierto Chihuahuense en el Norte de México. Escribo y comparto mis sentires mientras vamos de camino: Si estas Cartas te ayudan y las reproduces, cita al autor y a la fuente. ¡Gracias por escribir tus comentarios¡ -La vida abre la puerta,nosotros hacemos el camino-
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