martes, 27 de marzo de 2012

Gran viaje

La fascinación por el fuego está inscrita en lo más íntimo de los seres humanos así como la contemplación del atardecer, el romper de las olas en la playa y el caer silencioso de los copos de nieve. Volvamos al fuego y a  la magia de su propagación sin perder su ser. Tomemos un leño o una vela y encendámosla y el fuego no se agotará por ello aun cuando se suceda una inmensa y callada  cadena de mano en mano. Este pasar silencioso se conecta con un modo de ser y de estar en el mundo. El infinito y cíclico viaje de los animales migrantes en tierra, aire y agua nos dicen al oído que la vida se trata de un callado fluir sin cesar. Si la memoria no me falla fue Confucio quien señaló con delicada claridad que hemos de  satisfacer las necesidades de la vida como la mariposa que liba de la flor sin destruir su textura ni su aroma. De eso se trata, pasar por este mundo sin ruido ni estridencia dejando una cauda o estela luminosa y aromática de bienestar para sí y los demás seres vivos.


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