martes, 28 de agosto de 2012

No recuerdo




Hay dos enfermedades que mantienen a los científicos en una imbatible tarea: curar todas las formas agresivas de cáncer y el sida. En el plano psíquico y espiritual hay dos fenómenos  que nos intrigan mayúsculamente: superar las raíces que generan  la sed de venganza  (con toda su rabia, enojo, etc)  y la posibilidad de perdón. Ante todos estos pesares humanos  mi buen Jorge Luis Borges   -que no fue ni médico ni psicoterapeuta pero sí fue un ser humano sensible y compasivo a su manera-  nos dejó una buena noticia diciendo: Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza y el único perdón.  El verdadero olvido es similar a cualquier cosa que aprendimos de niños y con el paso de los años se esfumó de nuestra memoria sin dejar rastro, sin hacer ruido ni polvareda, como una hoja al viento, como un barco anciano que descansa en el fondo de los mares. Hay seres humanos que nos muestran una expresión afable y en paz cuando son interrogados sobre algún hecho o persona que pensamos les causaría alguna irritación o rabia  recordar y escuchamos como única respuesta un sencillísimo: No recuerdo 





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