lunes, 20 de octubre de 2014

Duermevela





Llegados a cierta edad de la vida  -por variadas circunstancias- hemos pasado noches en duermevela.  Cuentan de una anciana mujer polaca sobreviviente de la segunda guerra mundial, del hambre y de la viudez que dedicó su vida a medio dormir de día y estar en duermevela en donde quiera fuera necesaria.  Mi querida Anna Kamienska[1] escribió lo siguiente:   “No te concedieron el insomnio para eso /
para que te evadieras con la química del sopor /
 sino para que atravesando el plasma de la noche / 
penetrases en cada oscuridad /
cruzaras los muros de las cárceles / hasta alcanzar las salas de los hospitales 
 -en las que hay quien llama desde hace mucho
 / para que velases junto al que ha muerto
 -cuando a la familia la vence el sueño / 
junto a quien arde en la hoguera de su conciencia / 
junto a quien da a luz y junto a quien expira
 dando un grito. 
Estar en vela esa gracia te concedieron / 
para que descendieras a la oscuridad de la oración
 -como a una cueva que también es cumbre
 y allí en lo más profundo en su centro invisible,
vieras el destello de ese costado y de esa herida 
y te arrojases sobre ellos con tu corazón y con tus labios”




[1] Del poemario 
Dwie ciemności
[Dos oscuridades]
(1984) Traducción de Anna Sobieska y Antonio Benítez Burraco

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