martes, 1 de enero de 2013

Citrus sinensis





Dice la sabiduría humana acumulada y trasmitida que hay un tiempo para soñar y hacer realidad, para sembrar, cultivar y cosechar. Este primer día del año, literalmente, he tomado entre mis manos unas cuantas naranjas –citrus sinensis- que me ha regalado el pequeño naranjo que  me acompaña en el callado jardín interior. Aroma, color, textura, resplandor, todo hace honor a su nombre que en otras lenguas se le dice fruta de oro como recuerdo asociado al sol. Cierto es, porque todo fruto en el mundo se gesta gracias al sol, el aire, el agua y el cuidado amoroso. Unas cuantas naranjas o  narandan en lengua tamil, narensh en persa, ,narang en sánscrito, naranjah en árabe, laranja en portugués, arancia en italiano, orange en francés y aurantium en latín por su recuerdo del oro. Otro mundo será lavar cada una de las naranjas y tomar una de ellas pelarla lentamente y sentir como exhala su aceite con ecos lejanos en el tiempo y en el espacio que cubre  a toda la evolución. Beberla es oro líquido, un placer ,una alegría ,un regalo de sorbo en sorbo. El universo cabe en una de mis pequeñas naranjas cosechadas hoy, en el primer día del año. Día de gratitud y alegría.

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