Somos dos viejas amigas,ni tanto.Tenemos menos de 70 años. Me llaman la Ansiolítica y a mi la Antidepresiva.Trabajamos y mucho pero con personas y en turnos diferentes. Cada cual tiene la hora para hacer su presentación. Yo me especializo en serenar, otros le llaman la paz barata o la paz química. Por mi parte, mi trabajo es levantar el ánimo, agitar la bandera, pintar un arcoiris. Trabajamos igual de día o de noche entre pobres y ricos. Nos dicen las milagrosas pues devolvemos el silencio ante el ruido,parchamos los pedazos del alma, acercamos a la gente a su Dios, mantenemos la calma después del incendio, el huracán, el tsunami y la caida de la bolsa, el divorcio o la pena de la hija madre soltera. Somos discretas, nadie se da cuenta y nos disolvemos con sólo medio vasito de agua. Decimos que somos emisarias que anuncian la llegada del paraíso pero hay que gente que nos toma por el mismísimo paraíso y nos sonrojamos, no queremos ser impostoras. Somos un puente entre el paraíso abandonado y el paraíso que se espera. Sin pecar de presumidas -aunque somos redondillas- no padecemos de sobrepeso y nuestros seguidores y “fans” -perdón por el anglicismo- son más que el más guapo o guapa del "libro de caras” -otro anglicismo- el “Facebook”.
Es una antología de las Cartas del Desierto que trasmito en Radio Universidad 105.3 FM y 1310AM, Chihuahua. Mexico. Una mirada sobre el mundo, la vida y la historia Social desde el desierto Chihuahuense en el Norte de México. Escribo y comparto mis sentires mientras vamos de camino: Si estas Cartas te ayudan y las reproduces, cita al autor y a la fuente. ¡Gracias por escribir tus comentarios¡ -La vida abre la puerta,nosotros hacemos el camino-
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martes, 5 de mayo de 2015
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Pastillas del paraíso
Llegó mi
buen amigo Roberto con su puntualidad característica
y pedimos dos tazas de humeante espreso.
Además pedimos dos vasos de agua sin hielo. Antes de iniciar nuestro esperado
ritual extrajo del bolsillo de su saco una cajita de plástico transparente con
siete compartimientos para las pastillas
de la semana. Sin mediar pregunta de mi parte el se burló de su accesorio y me
dijo: “Aquí traigo mi farmacia ambulante. Para dormir, para proteger la mucosa
estomacal e intestinal, para la presión alta, para la depre, sí, ¡la depre!”
Me sonreí y
le dije: ¡Salud! - “El café es mejor medicina que toda esta porquería”,
continuó. Por último aventuré una pregunta: ¿Si tus pastillas hablaran con
nosotros ,qué nos dirían? Se acarició el
bigote y me soltó estas cuentas ensartadas: “Somos la promesa del paraíso
químico. Somos calladas, suaves, no hacemos más que navegar con un vaso de agua
y llegamos a donde hacemos nuestro trabajo. Somos útiles para el insomnio, para
el dolor, para después del pleito conyugal y el enojo en la oficina. Calmamos
los nervios en los velorios , en la
estación de policía. Nos acarician para suavizar la mala noticia, curar el
desamor, y el miedo al temblor. Si eres aventurero te tranquilizamos si
eres una plasta en la cama y en el
sillón te activamos. Nosotras te llevamos a un reino donde no hay Dios pero tampoco hay Infierno. Es un paraíso con nubes en donde sueñas por igual que estas vivo
estando muerto o que esas muerto pero estás vivo….el paraíso químico” Volvimos al plano de la pequeña mesa, su café
ya estaba frío. Le hice un guiño y nuestro mesero nos trajo otros dos espresos humeantes para beberlos sin pausa pero sin
prisa - como amerita ese grano de oro cosechado
en nuestros amados cafetales mexicanos.
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